
Eso es lo que me preocupa. De hecho, en línea con esta inquietud suele decir mi amigo José Carlos Rodríguez que no podría soportar mantenerse en el error, y yo apostillo que tengo ansias por conocer la verdad de las cosas. Se me ha ocurrido pensar en ello a tenor del comentario que me ha dejado, aquí en el blog, Carlos Andreu invitándome a opinar sobre el nombrado discurso de David Cameron en Glasgow la semana pasada ("Fixing our Broken Society"). Leedlo íntegramente aquí. O bien de forma abreviada y comentada aquí. Diré que me parece un discurso pertinente y expondré algunas brevísimas reflexiones que me ha sugerido. No entraré en el contenido más político, sino que me limitaré a alguna reflexión sobre el aspecto moral, básicamente por el temor y la desconfianza que me inspiran los políticos o los Estados que pretenden imponer determinada moralidad a sus ciudadanos. En la vida no cesamos de tomar decisiones, cada una de ellas condiciona nuestro destino y el de los nuestros. He aquí la importancia de adquirir conciencia, responsabilidad y valor. No todo vale, no podemos permitirnos tomar demasiadas decisiones incorrectas, a no ser que queramos desperdiciar nuestra vida, la única que tenemos.
Querer mejorar el mundo no es patrimonio de la izquierda ni de la derecha, es de todos los bien nacidos, con lo que hacemos en nuestra vida y siendo ejemplo damos un modelo a los demás. No hay lugar para el relativismo moral.
El relativismo moral cuestiona todo el patrimonio moral de una civilización, da por válidas todas las referencias morales, incluso las contradictorias y así aniquila nuestra conciencia crítica, nos debilita como individuos. Las crisis personales que atravesamos en nuestra adolescencia o en nuestra madurez tienen que ver con ese cuestionamiento de los valores transmitidos. Existen etapas de nuestra vida en que las ideas dejan de tener valor en sí mismas, y nos gustaría obtener evidencias. Pero esa búsqueda de evidencias suele ser infructuosa, hay verdades que son intangibles, y si por serlo dejan de ser válidas para nosotros perdemos los referentes propios. Quedamos vulnerables a los demás y si nos anulamos como individuos estaremos justificando el surgimiento de un pensamiento totalitario.
Cuando el hombre no distingue el bien del mal, duda y deja de creer en sí mismo, cuando se queda sin referentes, queda sujeto a un destino que puede ser perverso, una sociedad sin valores es el caldo de cultivo para un poder político omnímodo, la debilidad de los individuos refuerza el poder del Estado, así se han iniciado las tiranías en el mundo.
Cameron responsabiliza a las familias de lo que ocurre en la sociedad, suscribo parte de su discurso y su autocrítica. Ya lo he denunciado aquí, estamos creando generaciones de jóvenes egoístas, entregados al placer inmediato, al materialismo.
Si por un lado alabo el individualismo que permite a las personas decidir libremente los derroteros de su vida, creo que para poder ser libres de verdad necesitamos discernir, no sólo entre el bien y el mal, sino dónde acaban los límites de esa libertad y dónde empiezan los de la libertad ajena.
Sin responsabilidad no hay libertad. El relativismo es una tragedia para nuestra sociedad, la carencia de valores nos convierte en pesimistas, desesperanzados, y lo peor, nos aleja del amor a la vida.
Conceptos como el respeto sagrado a la vida y a la libertad bastan para consolidar una sociedad segura en sí misma, comprometida con su futuro y próspera, porque el amor y el respeto a la vida y a la libertad cimenta individuos que a buen seguro desearán trabajar por una vida mejor, aspirarán a ser más felices y dejarán a los demás que hagan lo mismo.
A la sugerencia de Cameron sobre el papel de las familias, simplemente recordar que debemos educar a nuestros hijos en la responsabilidad. Si son responsables serán libres y permitirán que los de su entorno se sientan libres. Esa verdad es nuestra única salvación, es algo a lo que aferrarnos siempre y sin dudarlo, somos individuos y debemos defender nuestra libertad.
Creo que la respuesta está en algo tan simple como la libertad, concepto sobre el que no cabe relativismo posible.
El futuro de las telcos
Hace 50 minutos








5 comentarios:
Esta argumentación me parece insuperable, regreso de un periodo vacacional y tengo mucho que leer en este blog.
Te veo en plena forma Eureka, besos.
eureka, apoyo la libertad, la llevo conmigo, ya ves, pero no todos la entienden igual
un beso
Me imaginaba algo parecido, pero no tan claro ni contundente. Mil gracias!
Te había escrito un largo y "currado" comentario... pero la informática (siempre caprichosa) me lo ha borrado (sic).
Muy de acuerdo con lo que dices.
Seguro que, como yo, triste por la sociedad relativista que nos quiere "aborregar" con esta sociedad hedonista y "sentimentalista nietzscheana" que nos da de "pan y circo" para que no pensemos y no nos revelemos contra los poderes ejecutivos.
Esta sociedad relativista es fruto de ideologías que buscan desnaturalizar el auténtico valor de la persona condenándola al individualismo, al subjetivismo y a ser un número más en la tarea productiva (para que luego cuando no intereses para la sociedad te deshechen, leáse eutanasia).
Bueno.. son reflexiones al aire.
Go, go, go!!
Un saludo, Alfredo Alonso
Hola, Eva. Muchas gracias por tu mención y especialmente por tu amistad.
Tus post me hacen pensar y por eso no dejo pasar ninguno. Y eso que llevo una temporada alejado del mundo blogueril desde que dejé de escribir el blogoscopio de Libertad Digital... Bueno, y casi el mío.
Espero poder retomarlo.
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